El terreno de la legislación laboral sobre el embarazo es posiblemente uno de los más pedregosos en los que podemos entrar (e incluso más desde una perspectiva feminista), pero quiero mencionar ciertos hechos e ideas que me parecen relevantes:

a) Las regulaciones laborales, en efecto, tienen un costo, eso lo sabemos por análisis económico del Derecho. Si uno establece que la mujer “en edad reproductiva” va a “costar más” para la empresa (porque, en estricto, se le paga por tiempo que no va a trabajar), lo lógico es que las empresas empiecen a discriminar a las mujeres en edad reproductiva. No es que no pase antes, pero sí es posible que la ley estigmatice más a las mujeres (la ley “nombra”, “crea” sus propias categorías de mujer, en este caso, la de “edad reproductiva” – Foucault y bla bla bla).

b) ¿Por qué las empresas pueden empezar a discriminar a las mujeres (y posiblemente ya empezaron a hacerlo)? Porque las empresas se preocupan por su propia rentabilidad, y eso tiene todo el sentido del mundo. No hay contenido valorativo en esta aseveración (al menos, no en este post), uno puede estar en contra, a favor, pero lo cierto es que esto sucede así.

c) Sí, hay que eliminar el prejuicio de que una mujer en edad reproductora es una mujer que no puede ser productiva. Pero, ¿no es de alguna manera la ley la que establece ya un prejuicio? Como decía antes, sabemos que la ley (en el sentido más abstracto posible, “el discurso legalista”, en el sentido que Foucault le da a discurso) crea sus propias categorías, sus propios sujetos, sus propias realidades. ¿Hacer una ley que categorice a las mujeres como “en edad reproductora” (o sea cual sea la palabra) no exacerba el prejuicio al normalizarlo en el imaginario del espacio del trabajo? Si antes se asociaba a la mujer con una poca capacidad para desempeñarse en ciertos trabajos a causa de sus estudios, por ejemplo, con la ley la figura de la mujer va a estar necesariamente vista desde el embarazo. Vale, sí, se están atacando las consecuencias de este prejuicio, pero también se está incentivando la idea de que una mujer en esta edad posiblemente cause un coste mayor a la empresa.

d) El hecho de decir que “no tienen por qué meterse en el embarazo de las mujeres” también tiene dos caras que son opuestas y problemáticas. Por un lado, un rechazo histórico a un terreno que ha sido dominado por prácticas patriarcales tanto por parte de hombres y de mujeres, que es el embarazo y la maternidad. Nadie tiene derecho a decirles cómo llevar (o cómo no llevar) un embarazo. Ese es el lado positivo.

e) Pero por otro lado, al rechazar de plano cualquier mención o intromisión al embarazo ¿no te parece que se eleva al embarazo a un status de “unicidad”, de “único”, de “incomparabilidad” que termina “elevándolo” y justamente replicando estas prácticas patriarcales? Me explico con una comparación radical: ¿por qué un jefe puede despedir a Laura (o a Lauro, en cualquier caso) por baja productividad pero en el caso de que la productividad baja sea a causa de un embarazo no? Uno podría argumentar: porque en el caso del embarazo la calidad de vida y el ejercicio de libertades a largo plazo se puede ver perjudicado. Y entonces repregunto: ¿por qué se le paga a una mujer embarazada los meses pre y posnatal pero a una mujer (o un hombre) cuya productividad baja a causa de una enfermedad, (para el caso, digamos, depresión) ni siquiera se le considera pagarle el tratamiento? ¿Finalmente no son ambas situaciones que de no ser atendidas pueden no solo afectar la productividad sino perjudicar seriamente la vida de las personas? Entonces, ¿no hay allí cierta intuición de “unicidad” del embarazo? ¿El embarazo visto como algo superior, un status que requiere de más cuidado que frente a una enfermedad seria, por ejemplo?

g) El derecho a decidir sobre el aborto FIJO FIJO hace rato debería estar despenalizado.

Con todo esto no quiero decir dar a entender que las regulaciones laborales en el caso de mujeres embarazadas deban necesariamente ser eliminadas. Pero también es importante tener otras cuestiones en mente porque podríamos arriesgarnos a crear incluso más discriminación y estereotipos de género ligados a la mujer y a la maternidad.