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Vivimos en el país de las medidas de contingencia. Hace unos meses (en un acto claro de provocación contra la gente de la Cato – gente calificada como “progre”) Bethel puso un panel gigante frente a la PUCP en el que se leía una frase de Levítico que ha sido tomada como homofóbica. Digo “tomada” porque una lectura cuidadosa revela que en realidad, por el contexto, debe ser interpretada de otra manera. Ahora, se ha demandado ante la ley el bajarse ese panel, arguyendo que es un panel discriminatorio (lo cual realmente no es extraño viniendo de una organización religiosa como Bethel).

La verdad es que no estoy de acuerdo con la intención que Bethel le da al panel porque trata de ser un argumento en contra de la Unión Civil (algo con lo que estoy totalmente a favor) a la vez de que se basa en una exégesis errónea de la Biblia. Pero tampoco estoy de acuerdo en retirarlo porque me da la impresión que la homofobia solo fastidia cuando la ponen en un panel gigante frente a tu cara. Una amiga me dice que es porque es una medida de contingencia. Que está mal que la homofobia se normalize en la publicidad (y yo pienso ¿cómo, no está normalizada ya en la educación y en otras instituciones?).


Muchos ya lo saben, no soy un fanático de la intervención estatal, pero tampoco de mantener el status quo y las estructuras de poder perversas. Y siendo sincero, no me molestaría que el panel se quede. La verdad que a mi me recuerda diariamente quiénes son los verdaderos enemigos de la libertad y contra lo que hay que luchar: ignorancia, odio, desconocimiento. Y también que la mejor arma que tenemos contra ellos no es la censura ni la intervención estatal sino la información y la educación de una sociedad civil y organizada. Les invito a compartir este artículo sobre ese polémico pasaje de la Biblia, en el libro de Levítico, donde el filósofo Raul Zegarra (coincidentemente, egresado de la Católica) revela las razones y el contexto detrás de la frase homofóbica.

“Levítico 18, 22 y Levítico 20, 13: Ambos textos, de hecho, me ayudan a defender un punto crucial: el problema es que un varón se acueste con otro, como una mujer. En eso radica la abominación. Lo que vemos operando aquí es una concepción claramente misógina de las relaciones sexuales. Dado el desprecio por la mujer propio del mundo greco-romano y judío (y del nuestro también en diferente grado), el problema radica en tener sexo con otro hombre como una mujer, esto es, en ser penetrado por otro varón. Ese es el problema central. ¿Por qué? Porque eso supone pasividad, falta de virilidad, debilidad, incapacidad…todas estas miserias connaturales con el hecho de ser mujer según esa interpretación. Luego, la gran mayoría de especialistas coinciden, este es un caso primariamente de misoginia, no de homofobia. De hecho, y este es un asunto que sale a la luz con claridad en varios estudios, solo menciono a Mary Rose D’Angelo y Dale Martin, entre otros, el problema es sobre todo ser penetrado; quien penetra, en contraste, se encuentra en una posición de poder sumamente distinta y, en principio, no recibe deshonra en el mundo cultural de la época. Ahora bien, ¿prueba esto que Levítico no rechaza actos homosexuales? No, claro que no. Lo que prueba es que lo hace por razones que nada tienen que ver con la homosexualidad como forma de orientación sexual: lo hace por razones enraizadas en la misoginia propia del mundo en el que los textos fueron escritos. ”

Aquí el artículo completo de Raúl Zegarra: (La unión civil, la Biblia y la Iglesia: la entrevista que no se publicó)

Recomiendo, además, el artículo de Alonso Hidalgo Salinas, estudiante de Derecho de la PUCP y miembro de Themis:
(Una historia ¿sin fin?: el panel de Bethel TV frente a la PUCP)