Una tesis filosófica esencial: “Tenemos razón[1] en rebelarnos contra los reaccionarios”

 

Alain Badiou, Theorie de la contradiction, 1975.

Es conocida ya la frase de Mao Tse Tung: “El marxismo comprende múltiples principios, pero en el análisis último, todos pueden ser reducidos a una sola oración: tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios”. Tal frase, a pesar de su simplicidad, es al mismo tiempo bastante misteriosa: ¿cómo es concebible que la enorme empresa teórica de Marx, cuyos análisis son incesante y escrupulosamente revisados y refundados, puedan ser concentrada en una sola máxima: “tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios”? ¿Y qué es esta máxima? ¿Lidiamos aquí con una observación, resumiendo el análisis marxista de las contradicciones objetivas, la confrontación ineluctable de revolución y contrarrevolución? ¿Es una directiva orientada hacia la movilización subjetiva de las fuerzas revolucionarias? ¿Es una verdad marxista que “uno se rebela, uno tiene razón”? ¿O es en cambio: “uno debe rebelarse”? Las dos, tal vez, y más todavía el movimiento en espiral de una a otra, la rebelión real (fuerza objetiva) siendo enriquecida y volviendo sobre sí misma en la conciencia de su razón (fuerza subjetiva).

A. Práctica, teoría, conocimiento

Ya aquí se nos ha confiado algo esencial: todo enunciado marxista es, en un solo movimiento que se divide, observación y directiva. Como un concentrado de la práctica real, iguala a su movimiento para retornar a él. En tanto todo lo que es toma su ser solamente de su devenir, de igual modo la teoría –el conocimiento de lo que es- toma su ser solamente al moverse hacia aquello de lo que es la teoría. Todo conocimiento es una orientación, toda descripción es prescripción.

La frase “tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” da cuenta de ello más que ninguna otra. En ella se encuentra expresado el hecho de que el marxismo, antes de ser la desarrollada ciencia de las formaciones sociales, es el destilado de lo que la rebelión demanda: que le demos la razón. El marxismo es tanto la toma de partido como la sistematización de una experiencia partisana. La existencia de una ciencia de las formaciones sociales no tiene interés para las masas a menos que refleje y concentre el verdadero movimiento revolucionario. El marxismo debe ser concebido como la sabiduría acumulada de las revoluciones populares, la razón que engendran, la fijación y la precisión de su objetivo. La frase de Mao Tse Tung sitúa de manera clara a la rebelión como el lugar originario de las ideas justas, y a los reaccionarios como aquellos cuya destrucción está legitimada por la teoría. La frase de  Mao sitúa a la verdad del marxismo al interior de la unidad entre la teoría y la práctica. La verdad del marxismo es de donde la rebelión deriva su razón de abatir al enemigo. Repudia todo igualdad de cara a la verdad. En un solo movimiento, que es el conocimiento en su específica división en descripción y directiva, ella juzga, pronuncia la sentencia, se inmerge a sí misma en su ejecución. Quienes se rebelan poseen el conocimiento, de acuerdo al ya mencionado movimiento esencial, de su poder y de su deber: aniquilar a los reaccionarios. El Capital de Marx no dice otra cosa: los proletarios tienen razón al derrocar violentamente a los capitalistas. La verdad del marxismo no es una verdad conciliatoria. Esta es, por ella misma, dictadura y, si hace falta, terror.

La frase de Mao Tse Tung nos recuerda que, para un marxista, el vínculo de la teoría a la práctica (de la razón a la rebelión) es una condición interna de la teoría misma, porque la verdad es un proceso real, es la rebelión contra los reaccionarios. Difícilmente existe una afirmación más profunda y verdadera en Hegel que la siguiente:

“La Idea absoluta, tal como ha resultado, es la identidad de la idea teórica y de la práctica, cada una de las cuales [es] todavía unilateral de por sí” (Hegel, Ciencia de la Lógica).

La verdad absoluta, para Hegel, es la unidad contradictoria de la teoría y la práctica. Es el proceso dividido e ininterrumpido del ser y el acto. De allí que Lenin lo salude con entusiasmo:

“La unidad de la idea teórica (del conocimiento) y de la práctica — esto NB — , y esta unidad precisamente en la teoría del conocimiento, porque la suma es ‘la idea absoluta’” (Lenin, Cuadernos Filosóficos).

Leamos esta frase con mucha atención, en tanto, cosa notable, divide en dos la palabra “conocimiento”.  Este es un punto crucial, al que retornaremos varias veces: el conocimiento, como teoría, se opone (dialécticamente) a la práctica. La teoría y la práctica forman una unidad, esto es, para la dialéctica, una unidad de opuestos. Pero esta contradicción conocimiento (teoría/) práctica es a su vez el objeto mismo de la teoría del conocimiento. En otras palabras, la naturaleza interior del proceso de conocimiento está constituido por la contradicción teoría/práctica. O, otra vez, la práctica- que como tal está dialécticamente opuesta al conocimiento (a la teoría)- es no obstante una parte integral del conocimiento como proceso.

En todos los textos marxistas encontramos esta escisión, esta doble ocurrencia de la palabra “conocimiento”, que designa tanto la teoría en un correlación dialéctica a la práctica o al proceso general de esta dialéctica, esto es, el movimiento contradictorio de estos dos términos: teoría y práctica. Considérese el fragmento del “¿De dónde provienen las ideas correctas?” de Mao: “Por lo común, solo es posible llegar a un conocimiento correcto después de muchas repeticiones del proceso… que conduce de la practica al conocimiento y del conocimiento a la practica. Esta es la teoría marxista del conocimiento, la teoría materialista dialéctica del conocimiento” (Mao Tse Tung, Cinco ensayos filosóficos).  El movimiento del conocimiento es la trayectoria práctica-conocimiento-práctica. Aquí “conocimiento” designa a uno de los términos en el proceso a la vez que el proceso tomado como un todo, un proceso que a su vez incluye dos ocurrencias de la práctica, una inicial y una final.

Para fijar nuestro vocabulario[2], y mantenernos dentro de la tradición, llamaremos “teoría” al término en la contradicción teoría/práctica cuyo movimiento general será el proceso del “conocimiento”. Diremos: el conocimiento es el proceso dialéctico práctica/teoría.

Sobre esta base podemos exponer la ilusión reaccionaria de aquellos que se imaginan poder burlar la tesis estratégica dela primacía de la práctica. Está claro que quienquiera que no esté dentro del movimiento revolucionario real, quienquiera que no está en la práctica dentro de la rebelión contra los reaccionarios, no sabe nada, incluso si teorizara.

Mao Tse Tung en efecto afirmó que en la contradicción teoría/práctica -esto es, en la fase del proceso real- la teoría podía jugar temporalmente el rol principal: “La creación y divulgación de una teoría revolucionaria desempeña el papel principal y decisivo en determinados momentos, refiriéndose a los cuales dijo Lenin: ‘Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario’” (Mao, Sobre la contradicción). ¿Significa eso que la teoría es en cierto momento una posibilidad revolucionaria intrínseca, que puede y debe surgir de “teóricos marxistas” puros? Absolutamente no. Significa que, en la contradicción teoría/práctica que constituye el proceso de conocimiento, la teoría es el aspecto principal de la contradicción; que la sistematización de las experiencias revolucionarias prácticas es lo que nos permite avanzar; que es inútil continuar acumulando de manera cuantitativa estos experimentos y repetirlos, porque lo que está a la orden del día es el salto cualitativo, la síntesis racional inmediatamente seguida de su aplicación, esto es, su verificación. Pero sin estas experiencias, sin la práctica organizada (porque es solo la organización la que permite la centralización de experiencias), no hay sistematización, no hay conocimiento en absoluto. Sin una aplicación generalizada no hay un terreno de prueba, no hay verificación, no hay verdad. La “teoría” entonces solo puede producir absurdos idealistas.

Volvemos a nuestro punto de partida: la práctica es interna al movimiento racional de la verdad. En oposición a la teoría, es parte del conocimiento. Es esta intuición lo que entusiasma a Lenin en la concepción hegeliana de la Idea Absoluta, al punto que convierte a Marx en la mera continuación de Hegel (“Por consiguiente, Marx se ubica claramente al lado de Hegel cuando introduce el criterio de práctica en la teoría del conocimiento”, Lenin, Cuadernos Filosóficos). La frase de Mao Tse Tung otorga precisión al entusiasmo de Lenin. Es el contexto histórico general de la afirmación dialéctica de Hegel. No es solo una práctica más que internamente ofrece un anclaje a la teoría, es la rebelión contra los reaccionarios. Y la teoría, a cambio, no legisla externamente sobre la práctica, sobre la rebelión: se incorpora a sí misma mediante la separación mediadora de la razón. En este sentido, es cierto que esta frase lo dice todo, de un todo que resume la posición de clase del marxismo, su significado revolucionario concreto. Un todo-al-exterior que representa a cualquiera que trate de considerar el marxismo no desde el punto de vista de la rebelión sino desde el de la ruptura; no desde el punto de vista de la historia sino desde el del sistema; no desde el punto de vista de la primacía de la práctica, sino desde el de la primacía de la teoría; no como la forma concentrada de la sabiduría de los trabajadores, sino como una condición a priori.

B. Tres sentidos de la palabra “razón”

Si esta frase lo dice todo, lo hace empero acorde a la dialéctica, esto es, acorde a una simplicidad que se divide a sí misma. Lo que concentra y sostiene esta división, y que aparentemente la oculta, es la palabra “razón”: nosotros tenemos razón, hay razón en la rebelión, una nueva razón se alza contra los reaccionarios. De hecho, a través de la palabra “razón” se dicen tres cosas, y es la articulación de estas tres la que hace el todo.

  1. Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios no significa, en primer lugar, “nos debemos rebelar contra los reaccionarios” sino “nos rebelamos contra los reaccionarios” –es un hecho, y este hecho tiene razón. La frase dice: lo que prima es la práctica. La rebelión no espera por su razón, la rebelión es lo que siempre está ya allí, por alguna razón posible. El marxismo simplemente dice: hay razón en la rebelión, en la rebelión hay un sujeto. El marxismo no es sino la recapitulación de la sabiduría de la rebelión. ¿Por qué escribir El Capital, cientos de páginas de escrúpulos minuciosos, de inteligencia laboriosa, volúmenes de dialéctica con frecuencia en los bordes de lo inteligible? Porque solo ello está a la medida de la profunda sabiduría de la rebelión.

La profundidad y obstinación histórica de la rebelión precede al marxismo y acumula las condiciones y necesidad de su aparición, porque estas infunden la convicción de que, más allá de las causas particulares que provocan la revuelta proletaria, existe una razón profunda, que no puede ser extirpada. El Capital de Marx es la sistematización, en términos de razón general, de lo que está dado en la suma histórica de causas. La burguesía, que conoce y reconoce la lucha de clases, es feliz de admitir e investigar las causas particulares de una rebelión, incluso si esto es para detener su retorno. Pero ignoran la razón –a la que los proletarios se aferran cuando ya todo está dicho-, una razón que ninguna absorción de causas y circunstancias satisfará alguna vez. La empresa de Marx no apunta a reflejar lo que está dado no tanto en la particularidad de las luchas sino en la persistencia y desarrollo de la energía de clase invertida en ellas. El pensar las causas no resulta suficiente aquí[3]. Es necesario explicar a fondo esta persistencia. La esencia de la posición proletaria no radica en los episodios de la lucha de clases, sino en el proyecto histórico que los sustenta, un proyecto cuya duración incansable y etapas sucesivas de obstinación proletaria son la forma de la existencia práctica. Allí se encuentra la razón. Su clarificación, su exposición, sus reflexiones y directivas simultáneas, hacen sola justicia al movimiento, que la revuelta saca a la luz, del ser de clase de los fenómenos.

Hoy, solo la empresa maoísta desarrolla íntegramente lo que los proletarios hacen y nos permiten saber a través del carácter incondicional y permanente de su rebelión. Solo así podemos decir: sí, la contradicción es antagónica, sí, la rebelión obrera, que es el corazón de esta contradicción, es la razón misma de la historia. “Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” significa sobre todo: los proletarios obstinados tienen razón, tienen todas las razones de su lado, y mucho más.

  1. “Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” también significa: la rebelión tendrá razón. En el tribunal de la historia, los reaccionarios tendrán que dar cuenta de las razones de todas sus fechorías de explotación y opresión. La obstinación de la rebelión proletaria es ciertamente –este es el primer sentido de la palabra “razón”- el carácter objetivo e irreductible de la contradicción entre los trabajadores y los burgueses, pero también es la certeza práctica de la victoria final, la crítica espontánea y siempre renovadora del derrotismo de los trabajadores. Que el estado de las cosas es inaceptable y dividido –esta es la primera razón para la rebelión contra los reaccionarios. Que es transitorio y está condenado al fracaso es la segunda. Esta es la razón ya no desde el punto de vista del motivo, o el momento, sino desde el punto de vista del futuro. Esta es la razón en el sentido de la victoria, más allá de la razón en el sentido de la legitimidad. La rebelión es sabiduría porque es justa, porque está fundada en la razón, pero también porque es la rebelión la que legisla sobre el futuro. El marxismo repudia toda concepción de la razón basada solamente en la justificación. El proletariado no tiene simplemente razones verdaderas para rebelarse, tiene razones victoriosas. “Razón” es aquí un cruce de caminos entre la legitimidad revolucionaria y la razón revolucionaria.

La revolución es alérgica a la máxima de la moral de Kant: “Tú debes, por tanto tú puedes”. Kant concluyó, por otra parte, que un acto así establecido en deber puro sin duda nunca había tenido lugar. La moralidad es una prescripción derrotada. Pero la rebelión de los trabajadores sí ha tenido lugar, y encuentra en el marxismo su lugar de prescripción victoriosa. La razón marxista no es un deber-ser, es la afirmación del ser mismo, el poder ilimitado de lo que se sostiene, se opone, contradice. Es la victoria objetiva del rechazo popular. De manera materialista, la razón obrera dice: “Puedes, por tanto debes hacerlo”.

  1. Pero “razón” significa aun otra cosa, y esta cosa es la fusión escindida de sus dos primeros sentidos. “Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” significa esta vez la rebelión se puede fortalecer con la conciencia de su propia razón. La declaración en sí misma “tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” es a la vez el desarrollo de núcleos de conocimiento interno a la rebelión en sí misma, y la vuelta en rebelión de este desarrollo. La rebelión, que tiene razón, encuentra en el marxismo los medios para desarrollar esta razón, para asegurar su razón victoriosa.

Lo que hace que la legitimidad de la rebelión (primer significado de la palabra razón) se articule con su victoria (segundo sentido de la palabra razón), es una fusión de nuevo tipo entre la rebelión como práctica que siempre está allí y la forma desarrollada de su razón. La fusión del marxismo y el movimiento laboral real, ese es el tercer significado de la palabra razón, es decir, la conexión dialéctica, objetiva y subjetiva, de sus dos primeros sentidos.

Encontramos aquí una vez más el status dialéctico de los enunciados marxistas, todos los que se dividen de acuerdo a la reflexión y de acuerdo a la directiva: asiendo, más allá de las causas, la razón de la energía de clase, la teoría formula al mismo tiempo la regla por la que la razón puede prevalecer sobre la causa, el todo sobre lo local, la estrategia sobre la táctica. La rebelión formula su razón en la duración práctica, pero el enunciado clarificado de esta razón rompe la regla siempre repetitiva que dirige esta duración. La rebelión se arma a sí misma con su propia razón, en vez de simplemente implementarla. Ella concentra su cualidad racional: organiza su razón y dispone los instrumentos de su victoria.

Saber que uno tiene razón en rebelarse contra los reaccionarios, llevando la razón (teórica) de esta razón (práctica), hace posible igualar lo subjetivo (la organización, el proyecto) con el objetivo (la lucha de clases , la rebelión). “Razón”, que originalmente dio voz al optimismo y a la legitimidad revolucionarias, ahora dice conciencia, dominio de la historia.

C. Razón como contradicción.

“Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” es, en efecto, una frase que dice todo sobre el movimiento histórico, porque da voz a su energía, su sentido y su instrumento. Su energía es la lucha de clase, la racionalidad objetiva interna a la rebelión. Su sentido es el colapso ineluctable del mundo de la explotación y de la opresión- esto es, la razón comunista. El instrumento es la dirección posible de la relación, dentro de la historia, entre la energía y el sentido, entre la lucha de clases (que es siempre y en todas partes el motor de la historia) y el proyecto comunista (que es siempre y en todas partes el valor impulsado por la rebelión de los oprimidos)  El instrumento es la razón devenida sujeto, es el partido.

“Tenemos razón en rebelarnos contra los reaccionarios” da voz al todo, porque habla de la lucha de clases y de la primacía de la práctica, el comunismo y la extinción del Estado, el partido y la dictadura del proletariado. La frase da voz a la razón integral, esto es a la razón dividida, según lo subjetivo y objetivo, según la realidad y al proyecto, según el punto de término y las etapas. Y podemos ver cómo esta razón integral es contradicción: es imposible tener la razón solo y solamente para uno mismo. Uno tiene razón contra los reaccionarios. Uno siempre tiene razón contra los reaccionarios, el “contra los reaccionarios” es una condición interna de la verdad. Por eso es que también la frase de Mao Tse Tung  resume el marxismo; y esta dice: toda razón es contradictoria. “Las ideas correctas emergen en la lucha contra las ideas falsas”, la razón se forja en la rebelión contra la sinrazón, contra lo que los chinos denominan invariablemente “los absurdos reaccionarios”.

Toda verdad se afirma en la destrucción del sinsentido. Toda verdad es por tanto esencialmente destrucción. Todo lo que únicamente se conserva es únicamente falso. El campo del conocimiento marxista es siempre un campo en ruinas.

La frase de Mao Tse Tung nos dice la dialéctica: la esencia de clase de la razón como rebelión yace en la lucha a muerte de los contrarios. La verdad no existe sino en un proceso de escisión.

La teoría de la contradicción está implicada de manera integral en la sabiduría histórica de los rebeldes. De allí que la dialéctica haya existido siempre, tal y como las rebeliones. La dialéctica concentra filosóficamente la concepción del mundo de los explotados que se enfrentan contra el mundo existente y desean su cambio radical. De allí que sea una tendencia filosófica eterna, que implacablemente se opone ella misma a la opresión metafísica conservadora: “A lo largo de la historia del conocimiento humano, siempre han existido dos concepciones acerca de las leyes del desarrollo del universo: la concepción metafísica y la concepción dialéctica, que constituyen dos concepciones del mundo opuesto” (Mao Tse Tung, Sobre la contradicción).

Se trata entonces de continuar siempre la dialéctica, de continuarla contra la metafísica, lo que significa: darle la razón a los rebeldes. Hoy, darle la razón al marxismo verdadero contra el falso. A los maoístas, contra los revisionistas.

 

 

 

Traducción de I.M. Calderón

 

[1] NT: La traducción del título del texto de Alain Badiou presenta un problema casi tan interesante como el texto mismo. La frase original a la que Badiou se refiere – zaofan youli -pertenece a uno de los discursos de Mao Tse Tung, pronunciado el 20 de diciembre de 1939, durante un mitin en Yan’an para conmemorar el cumpleaños número 60 de Stalin. Zaofan youli, por cierto, puede adoptar diferentes significados: “es justo rebelarse”, “es correcto rebelarse”, “hay razón en la rebelión”, “la rebelión tiene razón”, y hasta “la rebelión es legal / no es un crimen”. Alain Badiou elige en la versión original en francés una traducción que le permite establecer un juego de palabras con el concepto de “razón”: on a raison de se révolter contre les réactionnaires (una frase por igual traducible como “tenemos razón…”, “el pueblo tiene razón…”, y “hay razón …”). En español, zaofan youli se ha traducido la más de las veces como “es justo rebelarse” o “la rebelión se justifica”. En inglés, en la versión de Alberto Toscano de Badiou publicada en el 2005, la frase ha sido traducido como It is right to rebel –“es correcto”, “es justo”, o “esta bien” rebelarse –lo que obliga a Toscano a colocar una nota a pie de página advirtiendo del juego de palabras. Para este texto, hemos optado por “tenemos razón en…”.

[2] El marxismo-leninismo-maoísmo no es un formalismo. En él las palabras están atrapadas en el movimiento de destrucción/construcción, que es el movimiento del conocimiento real. Si se alcanza el objetivo, no importan los signos. De allí que las palabras se puedan mover: solo su poder cuenta. Otra vez, la fuerza supera el respeto de los lugares.

[3]Ya Lenin enfatiza la insuficiencia de la categoría de causalidad cuando afirma que Hegel y no Kant está en lo correcto al darle un espacio particular: “Cuando se lee a Hegel sobre la causalidad, a primera vista parece extraño que se detenga relativamente tan poco en este tema, amado por los kantianos. ¿Por qué? Porque, en verdad, para él la causalidad es sólo una de las determinaciones de la conexión universal”. Lenin, Cuadernos Filosóficos.