(Traducción propia)

(Parte I aquí)

Sólo un sueño

En una carta a Arnold Ruge para los Deutsch –Französiche Jahrbücher (Anales francoalemanes), firmada en Kreuznach en el mes de septiembre de 1843, Marx define la tarea ante él y sus colaboradores – los jóvenes izquierdistas hegelianos de quien está a punto de separarse tras su llegada a París, donde descubrirá el rol revolucionario del proletariado – declarándose abiertamente antidogmático. “No solo se ha instalado un estado de anarquía general entre los reformistas, sino que todos deberán admitir que no tienen idea exacta de lo que ocurrirá en el futuro. Por otro lado, es precisamente una ventaja de la nueva tendencia la de no anticipar dogmáticamente el mundo sino la de solo querer encontrar el nuevo mundo a través de la crítica del que nos precede”, señala Marx a Ruge. “En ese caso, no nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria con un nuevo principio: ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: «Termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha». Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera”.

Subsecuentemente, Marx elabora la imagen de la ensoñación ideológica de la que la humanidad debe ser despertada para que así gane conciencia de lo que, hasta el momento, ha sido tan solo un sueño. “La reforma de la conciencia consiste solamente en hacer que el mundo sea consciente de su propia conciencia, en despertarlo de la ensoñación que tiene de sí mismo, de explicarle el significado de sus propias acciones”, añade. “Nuestro lema debe ser: la reforma de la conciencia, no por medio de dogmas, sino a través del análisis de la conciencia mística, ininteligible a sí misma, ya sea que se manifieste de forma religiosa o política. Luego, será evidente que el mundo ha estado soñando por mucho tiempo con la posesión de una cosa de la cual, para poseerla realmente, debe tener conciencia”.

Georg Lukács, en ese clásico del así llamado marxismo occidental que es Historia y Conciencia de clase, publicado originalmente en 1923, en dos ocasiones remite al pasaje de la carta de Marx a Ruge, como lo haría Guy Debord casi medio siglo después en La Sociedad del Espectáculo, esta vez en un típico détournement situacionista, sin señalar el pasaje como una cita de Marx.

Para Lukács, la imagen del sueño significa sobre todo traducir el hecho de que la conciencia, lejos de tener que ser importada desde el exterior, está activa dentro de cualquier situación dada. La conciencia revolucionaria, especialmente, trabaja al mismo nivel de lo real. “Solamente semejante relación entre la conciencia y la realidad hace posible la unidad entre la teoría y la práctica”, expresa Lukács en su ensayo “¿Qué es el marxismo ortodoxo?”, incluido en Historia y Conciencia de Clase, justo después de haber citado el fragmento sobre el sueño y su conciencia de la carta de Marx a Ruge. Lukács procede a desarrollar la imagen con una larga frase explicatoria:

“…cuando la toma de conciencia implica el paso decisivo que el proceso histórico debe dar en dirección de su término propio (término constituido por la voluntad humana, pero que no depende del libre arbitrio humano ni es una invención del espíritu humano); solamente cuando la función histórica de la teoría consiste en hacer posible prácticamente ese paso; cuando está dada una situación histórica en la cual el conocimiento exacto de la sociedad deviene, para una clase, la condición inmediata de su autoafirmación en la lucha; cuando el conocimiento de sí misma significa, para esa clase, al propio tiempo el conocimiento correcto de toda la sociedad; cuando, para tal conocimiento esa clase es a la vez sujeto y objeto de ese conocimiento; en corto, solo cuando estas condiciones sean satisfechas , es cuando se hace posible la unidad de la teoría y la práctica, condición previa a la función revolucionaria de la teoría”.

Luego, en el ensayo “Conciencia de Clase”, Lukács cita otros fragmentos de la tercera de las cartas de Marx a Ruge, para elaborar el mismo punto y subrayar la importancia de esta correspondencia como un todo. “En la correspondencia de 1843, Marx concibe ya la conciencia como algo inmanente a la evolución. La conciencia no está más allá de la evolución histórica real. No es el filósofo quien la introduce en el mundo; el filósofo no tiene, por tanto, derecho a lanzar una mirada arrogante sobre las pequeñas luchas del mundo y despreciarlas.”

Más tarde, en el ensayo “Conciencia de Clase”, Lukács cita otros fragmentos de la tercera de las cartas de Marx a Ruge como para puntualizar y subrayar la importancia de esta correspondencia como un todo integral: “En la correspondencia de 1843, Marx concibe ya la conciencia como algo inmanente a la evolución. La conciencia no está más allá de la evolución histórica real. No es el filósofo quien la introduce en el mundo; el filósofo no tiene, por tanto, derecho a lanzar una mirada arrogante sobre las pequeñas luchas del mundo y despreciarlas”, explica Lukács, mientras constantemente insiste en que este concepto de conciencia inmanente a lo real, que él detecta en la imagen del sueño en Marx, debe ser vista al mismo tiempo como un ajuste de cuentas no solo con Hegel y los jóvenes hegelianos, sino también con los comunistas utópicos. “Así es como se planteaba el fundamento filosófico que permite ajustar cuentas a los utopistas. Porque, en su modo de pensar, aparece la misma dualidad entre el movimiento social y la conciencia de ese movimiento. La conciencia sale de un más allá y se aproxima a la sociedad para apartarla del mal camino que ha seguido hasta entonces y llevarla por el bueno. La falta de desarrollo del movimiento proletario no les permite todavía a los utopistas captar el vehículo del desarrollo en la propia historia, en el modo en que el proletariado se organiza en clase, y por tanto en la conciencia de clase del proletariado”. Esta noción de desarrollo histórico a la que se apela aquí no debe ser malentendida. Lukács está lejos de repetir el presupuesto positivista de una evolución progresiva y linear, que sigue las “leyes” objetivas de la naturaleza. Más bien lo contrario: cuando en el ensayo “Legalidad e ilegalidad” hacia el final de la Historio y Conciencia de Clase trae una vez más la imagen del sueño y su despertar de la conciencia en Marx, es precisamente para confirmar la necesidad de lo revolucionario como opuesto a la hipótesis linear-evolucionaria. “Porque determina la esencia del proceso (en oposición a los síntomas y las manifestaciones exteriores), porque muestra su tendencia decisiva, orientada hacia el futuro (en oposición a los fenómenos efímeros), el marxismo es la teoría de la revolución”, concluye Lukács. Y aun más:

“Cuando el joven Marx se fijaba como programa la «reforma de la conciencia» se anticipaba así a la esencia de su actividad ulterior. Su concepción no es utópica, pues parte de un proceso que se desenvuelve efectivamente y no quiere poner frente a él «ideales», sino deducir su sentido implícito; debe, al mismo tiempo, superar esos datos efectivos y colocar la’ conciencia del proletariado frente al conocimiento de la esencia y no frente a la experiencia de los datos inmediatos. Esta liberación se cumple primero en forma de levantamientos efectivos contra las manifestaciones más opresivas del orden económico capitalista y su estado. Aislados en sí mismos y no pudiendo nunca, aun en caso de éxito, ser decisivamente victoriosos, esos combates no pueden llegar a ser realmente revolucionarios sino por la conciencia de su relación mutua y su relación con el proceso que empuja sin tregua al fin del capitalismo”.

Muy bajo la influencia de su estudio en profundidad de la Historia y Conciencia de Clase, Guy Debord, también, repite la imagen del sueño desde Marx en su tratado de 1967 La Sociedad del Espectáculo, el que frecuentemente ha sido presentado, y de manera acertada, como el texto clave para entender la teoría crítica detrás de los eventos de Mayo del 68, y que incluso en su nueva edición de 1992 no ha tenido necesidad de ser modificado, de acuerdo a una declaración de su autor- que, está claro, nunca cedió ante el imperativo de la modestia: “Una teoría crítica del tipo que se presenta aquí no necesitaba cambios, no mientras, a cualquier nivel, las condiciones generales del largo periodo histórico que describió por primera vez con precisión siguen todavía intactas”. Después de citar Historia y Conciencia de Clase como un epígrafo a la segunda parte de su texto, titulado “La Comodidad como Espectáculo”, Debord también parece aludir a Lukács cuando, más tarde,  repite la tesis marxista de la inmanencia de la conciencia en lo real. “Marx destruyó la posición separada de Hegel ante lo que sucede; y la contemplación de un agente supremo exterior, sea el que sea. La teoría no tiene que conocer más que lo que ella hace”, postula Debord. Y luego, tras una historia resumida de las diferentes formas de organización y sus deformaciones, desde la Segunda Internacional hasta el Estalinismo y el Fascismo, Debord propone que solo la forma de los concejos de trabajadores podrían todavía permitir la realización del sueño de Marx: “  Aquí el sujeto proletario puede emerger de su lucha contra la contemplación: su conciencia equivale a la organización práctica que ella se ha dado, porque esta misma conciencia es inseparable de la intervención coherente en la historia”. Entre otras cosas, una intervención tal debería además echar por tierra el tiempo espectacular de la comodidad, el tiempo de consume y producción incesante, con su pseudocíclicas unidades de vacaciones y supervivencia aumentada. “Bajo las modas aparentes que se anulan y recomponen en la superficie fútil del seudotiempo cíclico contemplado, el gran estilo de la época es siempre el que está orientado por la necesidad evidente y secreta de la revolución”, afirma Debord, justo antes de retornar una vez más a la imagen de Marx en la tercera carta a Ruge: “El mundo posee ya el sueño de un tiempo cuya conciencia tiene ahora que poseer para vivirlo realmente”.