La  Comuna Mexicana
Bruno Bosteel
(traducción)

¿Qué es la Comuna,
esa esfinge tan tentadora a la mente burguesa?
-Karl Marx,
La Guerra Civil en Francia

Encuentros fallidos

En México, el destino del comunismo –como casi todo después de aquel fatídico año de 1910 que marcó tanto el primer centenario de la independencia de la nación y el inicio del conflicto armado- está íntimamente ligado con la historia y la teoría de la Revolución Mexicana. Curiosamente, para la mayor parte, esta intimidad ha merecido solo acercamientos desde uno de los lados, con ambos lados siguiendo caminos paralelos que solo raramente coinciden. Incluso en esas pocas instancias cuando un verdadero cruce toma lugar, esto ocurre solo con grandísima dificultad, y a pesar de todo nos deja al final con la sensación de un encuentro fallido.

Una rápida ojeada comparativa a la literatura secundaria inmediatamente nos confronta con una discrepancia mayor entre, de un lado, aquellos autores que estudian la historia del comunismo en México, conectado con los orígenes del Partido Comunista Mexicano (PCM);y, de otro lado, aquellos que estudian la historia e ideología de la Revolución Mexicana, enfocados principalmente en las figuras clave de Emiliano Zapata y Francisco “Pancho” Villa, si es que no de modo más conservador en los representantes del nuevo estado burgués que emergería victoriosamente tras la prolongada guerra civil: Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, y Plutarco Elías Calles. Las razones de esta divergencia no son puramente cronológicas – el PCM había sido fundado tardíamente en 1919, cuando el proceso de la Revolución Mexicana ya había empezado a perder fuerza con la derrota militar de tanto el Ejército de Liberación de Zapata en el sur y la división de Villa en el norte. Cuando el PCM nación de modo oficial, en noviembre de 1919, Zapata ya había muerto, siendo asesinado el 10 de abril del mismo año en la hacienda Chinameca de Morelos; y Villa, después de sufrir aplastantes derrotas militares en manos de las fuerzas constitucionalistas de Obregón, se había retirado al Estado de Chihuahua desde donde lanzó una serie de ataques guerrilleros desesperados y sangrientos, hasta finalmente deponer las armas el 26 de junio, en 1920.

Para el final de 1919, en otras palabras, el marco de oportunidad ya había pasado para lo que podría haber sido un verdadero encuentro histórico de la revolución con las ideas y los sueños que inspiraron al pequeño grupo de miembros del recientemente formado PCM. Aparte del desfase temporal, sin embargo, también hay causas ideológicas profundas para el encuentro fallido, que de otro modo no habría sido inevitable en la medida en que mucho del trabajo previo parecería ya haber sido preparado para un comunismo de corte mexicano muchos años antes a la fundación oficial del PCM- anterior, incluso, al inicio de la Revolución Mexicana.

Antes del inicio del conflicto armado, entre 1860 y 1910, efectivamente México ya había atestiguado el surgimiento de varias formas de socialismo –ya sea utópico o humanista, libertario o anarcosindicalista- llegando a su pico en la década de 1870, con la emergencia de la organización de obreros La Social y el Gran Círculo Obrero así como en el periódico El Socialista, donde se publicaría en 1884 la traducción en español de El Manifiesto Comunista. Una gran variedad de influencias ideológicas dejaron su huella en el primer movimiento amplio hacia al socialismo en México. Basta recordar las palabras de Julio López Chávez, el líder de una rebelión campesina en Chalco, en el Estado de México, que sería viciosamente reprimida por el régimen del General Porfirio Díaz. “Se nos desprecia como liberales, se nos mancilla como socialistas y se nos condena como hombres”, proclamaba López Chávez el 20 de abril de 1869 en su “Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y el Mundo”. Y continúa: “Es indispensable salvar el momento, y levantar nuestros esfuerzos en torno de esa sacrosanta bandera de la revolución socialista, que dice desde lo más alto de la República: “Abolición del gobierno y de la explotación””. Similares proclamas proliferaron en los 70s tanto en las provincias como en la capital de Ciudad de México, hasta los 80s y 90s cuando bajo la venia de la así llamada Pax Porfiriana el país experimentaría una feroz consolidación del desarrollo capitalista, acompañada –como siempre- de nuevos rounds de represión estatal en contra de todo signo de descontento popular.

Más aun, en la primera década del siglo XX, Ricardo Flores Magón también había impulsado una forma liberal anarquista de socialismo desde las páginas de su periódico Regeneración, publicado desde el exilio del otro lado de la frontera EEUU México. Después de fundar el Partido de Liberal Mexicano (PLM) en 1906, con la intención original de iniciar un retorno desde la izquierda a la Constitución Liberal de 1857,  Flores Magón mismo vadearía cerca de una forma insurreccional de  socialismo, en tanto las contradicciones sobre el capital, el trabajo, y la tierra, se intensificarían hasta el punto de una explosión antagónica. Con el fin del Porfiriato ahora a la vista, incluso una radicalización de izquierdas de las ideas de la reforma liberal del siglo XIX ya no sería suficiente. En vez de eso, levantamientos tales como las huelgas de Cananea y Río Blanco –inspiradas en el PLM-  en junio de 1906  y enero de 1907 respectivamente, parece preconizar un movimiento mayor hacia el socialismo como una posible consecuencia del derrocamiento de Porfirio Díaz. Como escribe Adolfo Gilly en su historia marxista de la Revolución Mexicana, publicada en español en 1971 bajo el título de La Revolución Interrumpida: “El periodo de paz burguesa, iniciado con la derrota de la Comuna de París en 1871, estaba llegando a un fin. No pasaría demasiado tiempo antes de que el régimen de Díaz, que había florecido y madurado entre los años de la Comuna de París y la Revolución Rusa de 1905, empezar a sentir sus impactos”. De allí en adelante, sin embargo, habría todavía un largo camino poblado de obstáculos hacia cualquier cosa que se parezca a una agenda política socialista o plan de acción – con los riesgos de la recuperación liberal burguesa por el Estado constantemente incidiendo sobre la más pequeña expresión de autonomía campesina-proletaria. En “A los proletarios”, publicado  en septiembre de 1910 en Regeneración, Flores Magón así advertía a sus lectores:

Así pues, si vais a la revolución con el propósito de derribar el despotismo de Porfirio Díaz, cosa que lograréis indudablemente, porque el triunfo es seguro, si os va bien después del triunfo, obtendréis un Gobierno que ponga en vigor la Constitución de 1857, y, con ello, habréis adquirido, al menos por escrito, vuestra libertad política; pero en la práctica seguiréis siendo tan esclavos como hoy, y como hoy sólo tendréis un derecho: el de reventar de miseria.