Una Libra de Carne: la lectura de Lacan de Lo visible y lo invisible
Charles Shepherdson
Diacritics, vol. 27 no.4, Winter 1997.

(Texto original aquí, traducción propia)

“Este corte en la cadena significante por sí solo verifica la estructura del sujeto como discontinuidad en lo real”
-Lacan, La subversión del sujeto…

Este momento de ruptura es acechado por la forma de un trozo sangriento –la libra de carne que la vida paga en función de convertirse en el significante de significantes, que es imposible restaurar, como tal, al cuerpo imaginario.
-Lacan, Dirección del tratamiento…

“Una filosofía de la carne es la condición sin la que el psicoanálisis se mantiene como antropología”
-Merleau-Ponty, Lo visible y lo invisible

1.- El límite del Lenguaje

Cuando Lo Visible y lo Invisible fue publicado en 1964, Lacan se encontraba enseñando por primera vez en la École normale supérieure. En el otoño de 1963, el semestre previo, la Sociedad Francesa de Psicoanálisis había excluido a Lacan de su lista de analistas en ejercicio aprobados, lo que también significaba su expulsión de la sociedad fundada por Freud mismo, la Asociación Psicoanalítica Internacional. Como resultado, Lacan canceló su seminario en el Hospital Santa Ana, donde había ejercido por 10 años, y empezó a dictar por primera vez frente a una audiencia universitaria (gracias a la invitación de Fernand Braudel, Claude Lévi-Strauss, Louis Althusser, y otros de sus partidarios que habían dispuesto que continuara su dictado). Filósofos como Jean Wahl y Jean Hyppolite habían, por supuesto, tomado interés en su trabajo por muchos años, pero esta era la primera vez que los participantes en su seminario ya no necesitaban las credenciales especiales requeridas para entrar a la clínica psiquiátrica en la escuela del Hospital. El seminario ahora estaba abierto al público, era considerablemente más grande de lo que había sido, y sus participantes venían principalmente de la universidad. Lacan estaba ahora obligado a defender su trabajo ante el público académico.

El seminario que había planeado para ese año se llamaba Les noms-du-pere (Los nombres-del-Padre), pero solamente una sesión tuvo lugar. Cuando se mudó de Santa Ana a la École normale, él ofreció un curso diferente, que fue publicado como el Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, aunque estaba originalmente titulado Les fondements de la psychanalyse (Los fundamentos del Psicoanálisis). Es claro, entonces, que este seminario constituye un nuevo comienzo, un retorno a los principios fundamentales. También involucra un esfuerzo concertado, del lado de Lacan, para probarse a sí mismo. Si empezamos con estos detalles históricos, no es por su importancia intrínseca, o porque un texto teórico pueda ser reducido a su entorno histórico, sino porque las impresiones de Lacan sobre Lo Visible y lo Invisible pueden ser ubicadas solo si reconocemos los intereses específicos que lo ocuparon durante este curso.

Antes de virar hacia ese curso, sin embargo, describamos su horizonte de modo más preciso. La sesión del seminario de los Nombres-del-Padre, que fue publicada en la edición inglesa (pero no en la francesa) de Television, contiene un análisis de  la “voz”, que es bastante cercana a la elaboración de la “mirada” que organiza su discusión de Merleau-Ponty (véase Salecl y Zizek). La sesión sobre la “voz” se desarrolla a través de una lectura de la escena bíblica de Abraham e Isaac (véase Derrida), que es a su vez elaborada en referencia a la descripción de Caravaggio del sacrificio de Isaac y el Fear and Trembling de Kierkergaard – la sesión entera provee un resumen del curso de Lacan sobre la ansiedad del semestre previo (el inédito Seminario X: La Angustia, 1962-1963), en el que Heidegger nunca está muy lejos. El contexto para este tratamiento de Merleau Ponty es entonces extremadamente complejo y sobredeterminado, abierto en muchas direcciones, pero a su vez extremadamente preciso, en el sentido de que el propósito de Lacan de explorar estos materiales no es principalmente filosófico, sino que concierne al desarrollo de un punto suficientemente estrecho y técnico dentro de la teoría psicoanalítica, esto es, el problema de la pulsión.

Tenemos entonces una orientación inicial: como objetos de la pulsión, la “voz” y la “mirada” no son propiedades del sujeto (el poder para mirar o para hablar), y como resultado, hay una considerable diferencia entre “la mirada” tal como funciona en alguna teoría fílmica, y la mirada como objeto de la pulsión escópica (véase Saper). La intención de la discusión de Lacan en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis de la descripción de Sartre de la mirada (en la que el sujeto voyeurista es de repente sorprendido por la mirada del otro) es la de marcar una distinción fina entre el marco teórico sartreano, que bien podría hacer justicia a la forma peculiar en que la relación entre dos sujetos puede vacilar entre la “objetificación”  y la “intersubjetividad”, y la descripción freudiana de la pulsión y su objeto. Esto sugiere que si Lacan vira de Sartre a Merleau Ponty, es porque Merleau Ponty se ha movido más allá de la formulación intersubjetiva hacia una “invisibilidad” constitutiva en el corazón de lo visible. Pero esto solamente hace más precisa la pregunta sobre porqué Lacan no va a concordar con Merleau Ponty.

Revisemos los cuatro conceptos fundamentales que Lacan desarrolla en el Seminario XI: el inconsciente, la repetición, la transferencia, y la pulsión (SXI 16/12). Las divisiones editoriales han roto el seminario en 4 secciones y una conclusión corta. La primera sección es llamada “El inconsciente y la repetición”, y la tercera sección es llamada “La transferencia y la pulsión”. Estas dos secciones podrían entonces cubrir los cuatro temas principales del seminario. 2 secciones permanecen. La segunda contiene las impresiones de Lacan sobre Merleau Ponty (que ocupan 4 capítulos). Los comentarios sobre Merleau Ponty así interrumpen el seminario, lo suspenden en su centro mismo, separando el primer par de “conceptos fundamentales” del segundo par. La discusión de Lacan sobre Lo visible y lo invisible, podría entonces decirse, provee una suerte de bisagra, o un punto de suspensión, particularmente entre el tratamiento del “inconsciente” y el de la “pulsión”.

En cuanto a la cuarta sección, no la desarrollaré aquí, aunque tiene un soporte crucial en su tratamiento de Merleau Ponty y puede decirse que contiene la contribución teórica más importante de Lacan en este seminario, su paso más importante en relación a su trabajo previo. Digamos solo esto: que nos presenta con un consolidado del desarrollo de la obra de Lacan en los dos o tres años precedentes, que concierne a su rechazo a concebir el inconsciente como un fenómeno exclusivamente “simbólico”. Es la notoria concepción “simbólica” del sujeto la que Lacan ahora desea complejizar o modificar, presionando la categoría de lo real en una forma sin precedentes. Y este es el énfasis sobre lo real que lo llevará a desarrollar su elaboración del objeto a, el objeto de la pulsión. “Al desarrollar esta posición”, dirá Lacan:

“…me encuentro ahora en una posición problemática – por lo que he pensado acerca del inconsciente. El inconsciente es constituido por los efectos del discurso…el inconsciente está estructurado como un lenguaje… y aún este filtrado ha tenido, en este acercamiento, un fin que he llamado transferencial” (SXI 137/149)

Esta dimensión transferencial introduce un problema porque Lacan ha insistido en este seminario en una nueva definición de la transferencia, y dirá: “la transferencia es la puesta en escena de la realidad del inconsciente” (SXI 137/149, énfasis añadido). Podemos tender a pensar la transferencia en términos puramente “simbólicos”, como un proceso de discurso que permite al inconsciente aparecer a través del significante, en la forma clásica del sueño, en el lapsus o la parapraxis, o en alguna de esas formaciones verbales que presentan el “pensamiento inconsciente” del sujeto, revelando en forma simbólica lo que el ego no desea decir. Pero con esta definición de la transferencia como una puesta en escena de la realidad del inconsciente, estamos forzados a concluir que el inconsciente no es reducible a un fenómeno puramente “simbólico”. Esto es mantenerse en los argumentos mismos de Freud, y Lacan rápidamente lo señala, añadiendo que “La realidad del inconsciente es la realidad sexual” (SXI 138/150). Sea lo que él quiera decir con “realidad sexual”, e incluso por cuan compleja pueda ser la relación entre “realidad” y “lo real”. Es claro que el inconsciente no es ya entendido en términos puramente “simbólicos” (véase Shepherdson, Vital Signs). Como veremos, este nuevo desarrollo tiene un soporte decisivo en su tratamiento de Merleau Ponty, y en el concepto de “mirada”.

La misma dificultad se presenta al comienzo mismo del seminario, en un capítulo titulado “El inconsciente freudiano y el nuestro”. “La mayoría de ustedes tendrán alguna idea de lo que quiero decir cuando digo –“el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, escribe (SXI 23/20). “Es la estructura lingüística… la que nos asegura que hay, detrás del término inconsciente, algo definible, accesible, y objetivable. Pero cuando exhorto al psicoanálisis a no ignorar este campo”, se pregunta, “¿significa esto que espero incluir los conceptos históricamente introducidos por Freud” dentro de esta estructura lingüística? ¿Podemos sostener que el inconsciente (o la “realidad sexual”) es reducible a un fenómeno simbólico? “No, no lo creo. El inconsciente, el concepto freudiano, es algo diferente, que trataré de que capten hoy” (SXI 24/21). No desarrollaremos más este viraje en el pensamiento de Lacan aquí. Es suficiente reconocer que la “mirada” introduce una dimensión que está localizada en el límite mismo del orden simbólico, en el sentido de que la mirada marca los “límites de la formalización”, el punto en el que la estructura simbólica está incompleta. Como tal, la mirada pertenece a la categoría de lo real, que no es ni simbólica ni imaginaria, sino que está ligada al concepto de falta, un concepto que empieza a jugar un nuevo y decisivo rol en el pensamiento de Lacan y nos presenta un desarrollo radical en su concepción del sujeto. Podemos resumir este desarrollo con el epígrafe elegido para su ensayo “La subversión del sujeto…”, que habla de una cierta disrupción en el campo lingüístico, una ruptura en la cadena significante: “Este corte en la cadena significante por sí solo verifica la estructura del sujeto como discontinuidad en lo real” (Ecrits, Francés 801/ Ingles 299, énfasis añadido).

Teniendo en cuenta la orientación básica de su trabajo en este seminario, ahora viremos a la discusión de la segunda sección, que lidia directamente con Merleau Ponty, enfocándose en particular en los primeros dos capítulos de los cuatro que tratan Lo visible y lo invisible. La pregunta que haremos es cómo la concepción de sujeto como “discontinuidad en lo real” está vinculado por Lacan a la pregunta por el cuerpo, y en particular, al problema de la pulsión.

(Segunda parte aquí)